La Bitácora de Emma

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Textos creativos

EL DESEO DEL PRINCIPE AZUL

 

Al principio había sido bonito. Blancanieves  era preciosa y a él no le importó darle el beso de amor y llevarla a su castillo. La Bella Durmiente también era muy linda y su historia de amor perduró a través de los siglos. Con La Cenicienta también fue muy feliz  y acabaron comiendo perdices…

Y así, desde que se habían inventado los cuentos.  El Príncipe azul había tenido que correr mil aventuras y visitar muchísimos palacios para terminar casándose siempre al final, pero ya estaba harto de tanto viaje y de tantas jóvenes como había tenido que rescatar.

Intentó desaparecer, intentó pasar desapercibido transformándose en bestia, en rana, en mendigo…  Probó muchos disfraces para ver si los escritores de cuentos se olvidaban de él y se inventaban otro personaje, pero todo había sido en vano porque en el momento más inesperado aparecía la jovencita protagonista a la que no le importaba su fealdad y al recibir su beso inocente, a él se le despertaba su auténtica personalidad.

Era ya mucho el tiempo que llevaba ejerciendo de conquistador  y estaba cansado de tanta popularidad,  deseaba con todas sus fuerzas jubilarse como Príncipe azul y convertirse en un simple personaje secundario de cualquier historia.

 

Emma Rosa Rguez

 

 

LUNES  DE  PARAGUAS  TRISTES

Fue un lunes.  Pero podría haber sido un martes, un sábado o, incluso, un domingo.

Salí de casa por la mañana, no muy temprano. Caía una lluvia finísima que apenas llegaba al suelo, parecía que el cielo estuviera desperezándose y no se hubiera decidido todavía a llover en serio o a escampar en firme.

Iba por la calle, como casi siempre, ensimismada en mis pensamientos sin prestar demasiada atención al entorno. Es curioso,  se puede vivir en un precioso lugar, rodeada de paisajes tan bellos que si los contempláramos en cualquier postal  los admiraríamos, y sin embargo los tiene una cerca y no les presta ninguna atención.

Mis pasos eran tranquilos, no tenía mucha prisa, en mi cabeza estaban recolocándose ideas para un nuevo artículo que quería escribir. Entonces, los descubrí: En una papelera, apiñados y retorcidos, estaban tres paraguas, con las telas rasgadas y las varillas rotas, como sin vida; descansaban allí en una especie de tumba, conformando un macabro florero de estrambóticas flores.

Aquella estampa me pareció un tanto extraña, pero enseguida la olvidé. No obstante un poco más adelante…

Quizá el destino se había empeñado en acompañarme en mi camino y convertirse en protagonista de mi paseo  porque, tirado al lado de la acera entre la hierba mojada había otro paraguas, también destrozado, pero a diferencia de los otros, éste, estaba solo, abandonado bajo la lluvia fina, en medio de un charco que semejaba su propia sangre o sus propias lágrimas, la tela ondeando al viento y dejando ver sus varillas como si de un esqueleto se tratara.

Aquella imagen sí me impactó. Era como si aquel paraguas estuviera pidiendo clemencia, estuviera suplicando que una mano le buscara un sitio donde poder cobijarse, donde no tuviera frío, donde pudiera morir tranquilo.

A mí, en aquel momento, se me asomó la tristeza a los ojos y me vino a la mente un famoso verso de Bécquer, y me dije a mí misma: “Dios mío, qué solos se quedan los muertos…”

Emma Rosa Rguez

PALABRAS  CON  MUCHO  ARTE

Arte. Bonita palabra. Sugerente y culta y, sin embargo, con tantos significados distintos que una se pierde por los caminos tan “artísticos” que nos hemos ido inventando con el correr de los tiempos.

¿He dicho artísticos? Bueno, no siempre lo que está relacionado con el arte es bello o hermoso sino fíjense ustedes en el llamado “arte de la guerra o arte militar”, nada que ver con una pintura o con una pieza musical, ¿verdad?

Está también el “arte metálica o metalurgia” que, bien pensado, sí puede resultar ser un arte, aunque no se han lucido mucho con la definición porque decir que es el “arte de beneficiar los minerales”, sinceramente, a mí me suena un poco raro, no sé en que pueden beneficiarse los minerales de que los machaquen y los pongan al fuego, más bien entendería que se llamara el arte de trabajarlos.

Hay otro tipo de arte muy curioso, digamos muy espiritual. El “arte de los espíritus o arte angélico”. Claro que éste, con semejante nombrecito, confunde un poco, una no sabe si se refiere a hacer espiritismo con arte, o al arte de pintar angelitos; pues no, miren por donde ni lo uno ni lo otro, tiene que ver con los ángeles de la guarda y al parecer, según algunas creencias, con el auxilio de cualquier ángel bueno puede adquirir el hombre la sabiduría por infusión. ¡Ay, Señor! Cómo se enteren de esto los estudiantes se van a quedar algunas Universidades vacías.

Podría también hablar de las “artes marciales”, entre militar y exótico o el “arte cisoria”, que explica como se deben de trinchar las viandas, el “arte plumario” que se practicaba en Méjico, una forma de imitar pinturas adhiriendo plumas de colores en un plano y un largo etc.

Hasta aquí, nos hemos referido a expresiones, pero también existen otras palabras que se derivan directamente de “arte” o de su raíz “art”, bueno, ustedes me perdonarán la licencia que me voy a tomar al desglosar palabras de una forma un tanto “personal” sin tener en cuenta su etimología exacta ni de donde proceden sino guiándome, solamente, por como están escritas, así tal cual.

Empecemos con “artimaña”, arti-maña, a simple vista una diría que significa tener maña para el arte, es decir, ser un artista, pues no, es todo lo contrario: treta, engaño, o sea, tener arte para engañar.

Vamos con otra que, realmente, no tiene mucho que ver con lo que sugiere: “artículo”. En fin, todos sabemos lo que significa la palabra en cuestión, pero, y ¿si la dividimos?: “arti-culo”, pues ya no es lo mismo donde tiene el arte, ¿verdad?, aunque también existe la frase de: “tiene el arte metido en el culo” (con perdón), cuando se habla de un artista muy malo.

A mí una que me gusta especialmente es “artemisa”, planta olorosa y nombre de una diosa griega, sin embargo, vamos a desmenuzarla en dos y qué nos queda: “arte-misa”, curioso no, así separado podríamos suponer que es el arte de decir misa o de saber hacer una misa con arte, ¡ups!, esto tendrían que aplicárselo algunos señores, tendrían más adeptos.

Otra palabra que puede dar lugar a equivocación es “artesano”, persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico, pero yo pregunto quién es el que está sano: ¿el arte o la persona? O es que a lo mejor hay que estar sano para poder trabajar ese arte, pues vaya discriminación, oiga, ¿qué pasa cuando uno está enfermo? Igual entonces tendría que cambiar de nombre y llamarse “artenfermo”, un lío, sí señor.

Y ya para terminar les dejo con una última: “arteria”, vena del cuerpo por donde corre la sangre, o dicho de otra forma: “ría con arte”, o el arte de reír, bueno, este sí que es sano, creo que más que el otro al que nos referíamos antes.

He repetido la palabra arte exactamente treinta veces y eso no sé si realmente resulta muy “artístico”, pero espero que ustedes perdonen mis “malas artes” para elaborar este “artículo”.

Emma Rosa Rguez

ESPAÑA SIN EÑE

Hace unos días, revisando papeles, encontré unas viejas cartas que me había enviado mi tía desde América. Al releerlas me fijé en que en ellas no figuraba la letra eñe porque las máquinas de escribir de allende los mares, en aquella época, carecían de ella.

Y, a mí, que me gusta “sacarle punta” a todo, pues me dio por empezar a pensar cómo sería nuestro país si prescindiéramos de la querida y entrañable “ñ”. Llegué a la conclusión de que perderíamos absolutamente nuestra identidad, es más, incluso bajaríamos de categoría. Porque nuestra piel de toro al cambiar el ilustre nombre de España por “Espana” se quedaría en una simple tela, ya no podríamos decir que es  piel sino que es- pana, y nosotros seríamos “espanoles”, algo así como si nos quedáramos en “panos” menores.

También sería un poco triste ir a “banarse” a la playa y nadar junto a las “penas” que con las que nos da la vida ya tenemos bastante sin que, además, te las vayas tropezando por ahí. Y no digamos los habitantes de Cádiz que viven junto al “Penón” de Gibraltar, bueno, en realidad aquí no quedaría mal el cambio porque la verdad es que esa sí es una pena bien grande.

Hablando de pueblos y gentes, supongo que los oriundos de Extremadura se enfadarían bastante si de repente pasaran a ser “extremenos” y nos dirían, con toda la razón del mundo, que a ellos no los hace de menos nadie. En parecida situación estarían los “coruneses” o “malaguenos”, y qué vamos a decir de los “manos” y las “manas” o los “alcarrenos” , “tinerfenos”… Y un larguísimo etc de gentilicios, no sólo españoles sino también hispano-americanos.

Si ir a la playa sería triste, no lo sería menos ir al campo a disfrutar de la naturaleza y tener que dormir en tiendas de “campana”, con lo incómodo que debe ser eso y si además “suenas” en voz alta, debe de haber un eco tremendo, vamos, como para que el “companero” o ¿campanero?, no pueda pegar ojo y se levante por la “manana” sin poder “pestanear” ni siquiera aunque se tropiece con un “rebano” de vacas furiosas porque sus “duenos” no las han “ordenado” todavía, claro que siempre nos queda el consuelo de guarecernos en alguna “cabana” que haya por los “aledanos”.

Y yo me pregunto cómo sabrán las “pinas” y los “pinones” y si el fuego arderá cuando le echemos “lena” para asar las “castanas” que hemos recogido y los peces del río que tratamos de pescar con nuestras flamantes “canas”, aunque mucho me temo que éstas no tendrán gran resistencia y que nos quedaremos con las ganas, y que lo pensaremos muy mucho antes de volver a pasar unos días a la “montana” y no me refiero a la rusa, precisamente, qué también podría ser.

Y para seguir con tristezas, se imaginan ustedes, salir con los amigos a tomarnos unas “canas”, ups, yo creo que con tomarnos el pelo ya tenemos bastante pero a las canas será mejor que las dejemos en paz, no vaya a ser que “rinamos” y nos peleemos y se empiecen a repartir “punetazos” y acabe costándonos la broma un “rinón” para, encima, quedar con la sed y sin habernos tomado ni siquiera una sola jarra de cerveza.

Y ya para terminar, yo quisiera saber cómo nos podríamos recoger el pelo en un “mono” o tomarnos una copa de “conac” o beber del “cano” de una fuente o recordar aquello de los “canones” de Espronceda o leer las “vinetas” de los cómics…

Sin la “ñ” nos quedaríamos incluso sin nuestro “taco” nacional, y no sé a ustedes, “senoras” y “senores”, pero a mí no me gustaría nada cumplir “anos” y muchísimo menos que el 31 de diciembre me dijera la gente: ¡Feliz “Ano” Nuevo!, que eso debe de doler mucho, ¿verdad?

Así que por todo eso y por muchísimo más yo prefiero una España con eñe. ¡”Cono”!

Emma Rosa Rguez

EL ARTE ESTÁ EN EL CULO

No sé muy bien como empezar a contarles mi historia, aunque quizá, lo mejor sea que comience por el principio: Sentí la luz del sol por primera vez en el año 2001 gracias al arte y buen hacer de mi padre, el pintor D. Eduardo Úrculo.

Yo, antes de esa fecha no era nada, sólo una idea gestándose dentro de la cabeza del artista. Sólo un enorme trozo de piedra sin personalidad y sin ninguna forma determinada hasta que aquellas manos se pusieron a trabajar sobre mí y entonces empecé a soñar con mi futuro:

Y me imaginé grande, famoso, único… Sin duda, yo llegaría a ser una maravillosa obra de arte que admiraría el mundo entero. Seré tan bello como el David de Miguel Ángel o tan fastuoso como su Moisés, me decía a mí mismo, hasta que mis esperanzas empezaron a fundirse derritiéndose ante la cruda realidad.

Cuando me percaté de que no iba a tener brazos, me consolé pensando en La Venus de Milo que, a pesar de carecer de ellos, es una de las reinas del Museo del Louvre. Después descubrí que no tendría cabeza, aún así no me rendí ante la fatalidad recordando a la bellísima Victoria de Samotracia.

Pero, enseguida, el aspecto de mis formas me demostró que mis sueños no se iban a cumplir y no tuve más remedio que rendirme ante la evidencia: Sería una de esas extrañas estatuas de arte moderno contemporáneo, cuyo significado, cada espectador interpreta a su manera. Bueno, pensé, algo si se iba a cumplir, yo medía mas de cuatro metros, así que, al menos, donde me coloquen no pasaré desapercibido porque grande, sí que soy. Entonces, me ví como realmente era: Un enorme y estrambótico culo. O, mejor dicho, un doble culo, porque ni siquiera era un hermoso culo normal con su par de glúteos y sus genitales al aire -como en el caso de tantas esculturas maravillosas-, no, yo era sencillamente un trasero con cuatro nalgas sobre cuatro muslos, como si dos personas puestas enfrente la una de la otra se hubieran fusionado hasta tal punto que sólo se les vieran las posaderas; pero yo, además, no tenia ni torso, ni pies, ni rodillas.

Me bautizaron con el rimbombante nombre de: “Culis Monumentalis” y me depositaron encima de una peana en plena calle, ni siquiera en un Museo, no, en una de las zonas mas transitadas de la ciudad de Oviedo, para mi mayor desgracia y para que me pudiera admirar todo el mundo.
Tengo que confesar que aquellos primeros días fueron bastante horribles. Allí, situado a la intemperie, mostrando mis vergüenzas o, mejor dicho, mis desvergüenzas, porque de las primeras no tenía, a todos los transeúntes que se paraban a contemplarme con cara de incredulidad buscándole sentido a mis curvas, sentía que aquello era humillante hasta que, un buen día me puse a valorar la situación de forma objetiva: La ubicación era estupenda, al lado del Teatro Campoamor, podría ver a Los Reyes de España y a muchas personalidades, incluso podría ser admirado por ellos, como de hecho fui, y me llegarían también los ecos de la música en las temporadas de ópera y zarzuelas.

Y así, poco a poco, la gente fue encontrando mi presencia de lo más normal. Yo pude asumir lo que soy y ahora estoy contento, ya no me cambiaría por otro, cada día que pasa oteo el horizonte y si se acercan los turistas a hacerse fotos conmigo saco pecho, es un decir claro, y poso como si fuera una gran estrella.

Ah, y cuando oigo corrillos a mi alrededor de visitantes que se preguntan qué soy, entonces, yo muy orgulloso les respondo: “Ustedes disculpen, soy un culo”.

Emma Rosa Rguez

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