La Bitácora de Emma

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Extraña reflexión:

Posted by emmarosa en junio 25, 2013

Las nuevas tecnologías están muy bien, reconozco que soy la primera en aprovecharme de ellas, pero ¿no se han dado cuenta ustedes de que también han robado magia y misterio a nuestras vidas?

Por ejemplo: el teléfono, no me refiero al móvil, sino al fijo, al de toda la vida, vamos. Antes, hace apenas unos años, cuando sonaba ese aparato que alguien calificó de infernal, aunque igual estoy confundida y se referían a la radio o la tele o, vaya usted a saber….Bueno, sigo, decía que cuando se oía el ring ring te daba un pequeño salto el corazón y en el breve espacio de tiempo que iba entre el particular sonido hasta que descolgabas y decías tímidamente: “¿diga?”, tu imaginación echaba a volar: ¿Quién será? ¿Qué querrá? ¿Serán buenas noticias? ¿Habrá pasado algo?…Dependiendo de tu estado de ánimo elucubrabas imágenes dentro de una postura optimista o todo lo contrario. Además, en aquel entonces no te llamaban del banco para decirte que estabas en números rojos, ni te intentaban vender un seguro, hacerte una encuesta, “regalarte” infinidad de cosas o que cambiaras de compañía de teléfonos o de gas o de luz…ni te interrumpía en cualquier momento la prima-hermana-amiga para contarte cualquier tontería, no había ADSL (a mi que esto siempre me recuerda lo de la droga y me suena como a ilegal) y las facturas salían muy caras, por eso solo se llamaba lo imprescindible….Casi como ahora, ¿ verdad?

En cambio, en la actualidad, cuando suena ya sabes de antemano quien te llama, la ventanita chivata ya te dice si es el banco, o los del seguro, o la prima-hermana-amiga pesada de turno que se aburre y como quiere hacer gasto “yaqueesgratisporqueparaesotengoelADSL” pues ya no hay misterio y decides sobre la marcha “si estás en casa o no”, y en ese caso tampoco sueltas el tímido: “diga”, sino un anodino “si” o un familiar “hola” dependiendo de quien esté al otro lado de la línea. Y ya, para acabar con la magia de la incógnita de un plumazo, ni siquiera tienes que levantarte a mirar la dichosa ventanita o a ir corriendo al salón o donde esté ubicado el aparato, porque eso del “fijo”, es un decir, que con el inhalámbrico (oju con la palabreja) ese término ya no tiene ningún sentido, ahora te lo llevas contigo a la mesita a la hora de la siesta, o al sofá o la cocina o a la terraza o a…ustedes ya me entienden…

Ah! Y si sales a la calle tampoco se reaviva el misterio de no saber “si me habrán llamado o no” que para eso existe otro invento…pero eso, es otra historia…

Emma Rosa Rguez

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